Cuando ni niño nació, recuerdo que en casa todos le disfrutamos al máximo, ya que sería (siempre que no hubiera después ningún fallo) el último bebe por parte de mi familia....¡pero nos equivocamos! y no porque yo tuviera un tercer hijo, no, sino porque hará cosa de 3 años mi hermana adoptó un nuevo hijo. Desde entonces toda la familia tenemos a un nuevo sobrino de cuatro patas, DORON, un West Highland White Terrier blanquito, cariñoso, muy majo él, pero para mí, con un problema de identidad y no precisamente de nacimiento, sino obtenido por su educación.
Yo no tengo perro, ni me gustan ni me disgustan, sin embargo Tir es un apasionado de los bichos, yo creo que ellos lo saben porque le huelen el buen rollito que tiene con ellos ¡le encantan!. Cuando vamos en grupo de amigos con perros, si buscas a alguno de ellos, pregúntate donde está Tir y allí estará el perro. No tenemos en casa ninguno porque ambos somos conscientes de la responsabilidad que conlleva tener uno y actualmente no estoy por la labor de tener mas trabajo que el que ya tengo...con Primavera y Rayo ya tengo bastante.
Cuando hablas con gente que tiene perro, te puedes encontrar dos tipos de personas, y no es que unos le quieran al bicho mas que los otros, ...me refiero al trato y a la educación que dan al animal. Unos le tratan, le quieren, le cuidan, le hablan como perro y los otros le tratan, le quieren, le cuidan y le hablan como a una persona. Para mí, estos segundos no lo están haciendo nada bien, algo falla.
Un perro es un perro, un humano es un humano. Cada uno necesita ubicarse y sentirse como lo que es, todo lo que sea distinto sería descolocar al ser en cuestión, tanto si a un humano le tratas como a un perro, como vicebersa.
Tengo una amiga veterinaria, por supuesto con perro propio, NIVA, una chucha blanca bonita muy simpática, que te podría contar mil y una historia de personas con auténticos problemas a la hora de cuidar, querer y educar a su mascota. Claro, por ende, la mascota tiene unos auténticos problemas de identidad perruna con su consiguiente repercusión en la familia....¿de donde parte entonces el problema? yo lo tengo muy claro, pero otras personas no lo ven igual que yo.
Este problema de identidad, puede repercutir en el entorno familiar de los humanos, ya que es probable que no todo el mundo vea bien esas conductas, y eso sí que es una verdadera pena....¡pero es lo que hay!.
Todo esto lo cuento desde mi perspectiva, desde mi vivencia con mi sobrino de cuatro patas, quizás tu tengas otra muy distinta. Creo firmemente que un perro debe ser lo que es, un perro, uno mas de la familia para todo, pero un perro al fin y al cabo.
Mis hijos y su primo se quieren mucho, corren, chillan, ladran, lanzan pelotas y las recogen juntos....se lo pasan pipa cuando nos juntamos la familia.
Dos besos, uno humano y otro perruno para Dorete, el perro mas bonito y simpático de mi familia.






